Hay días que quieres que no acaben nunca porque son días perfectos, días en los que todo sale tal y como esperabas; cada segundo que pasa es igual o mejor que el anterior. Son días que cuando te metes en la cama y te pones a recordar cómo te ha ido el días dices: ¡Qué buen día he tenido!
En cambio hay otros días que deseas que no hubieran existido nunca, que fueran lo más breves posible. Son días en los que sólo quieres estar en casa, encerrado en tu habitación y desconectar del mundo...
El deseo profundo, el deseo más real es aquel de acercarse a alguien. A partir de ahí, comienzan las reacciones, el hombre y la mujer entran en juego, pero lo que sucede antes, la atracción que los unió, es imposible de explicar. Es el deseo intacto, en estado puro. Cuando el deseo todavía está en ese estado puro, hombre y mujer se apasionan por la vida, viven cada momento con veneración y, conscientemente, esperan siempre el momento adecuado para celebrar la siguiente bendición. Así, las persona no tienen prisa, no precipitan los acontecimientos con acciones inconscientes. Saben que lo inevitable se manifestará, que lo verdadero siempre encuentra una manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan, no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico porque respetan la importancia de cada segundo.
La noche... el silencio... los sueños... la gente duerme... y de pronto en un lugar del mundo, una persona se despierta de golpe, mira a su alrededor y no ve nada; presta atención para ver si escucha algo y nada... todo está tal y como lo dejó hace unas horas. Entonces se da cuenta de que ha sido un sueño, por muy real que pareciese solo ha sido un sueño... Por mucho que deseara que ese sueño fuera real, no era más que eso...un sueño. Pero seguía con la duda porque todo parecía real. Era casi perfecta la percepción de la realidad, era muy real. En ocasiones había algo que fallaba como el verse a sí misma, pero por lo demás todo era perfecto.
En el sueño había gente que conocía y todos se comportaban igual que en la realidad, la forma de hablar, de andar... todo. Pero si todo era tan normal ¿qué ocurrió para que se despertara del sueño?... Pues bien, en el sueño apareció una persona que ella deseaba ver hace tiempo, quizá ese fue el fallo. Esa persona no tenía que estar ahí... pero se acercó a ella. Ella no notó nada extraño en que él estuviera ahí; se pusieron a hablar, se miraban y ella estaba feliz, muy feliz de que él estuviera ahí con ella. Entonces ella puso su mano en la cintura de él, y él en vez de quitarse también la agarró, algo que ella deseaba muchísimo. Estaban charlando como dos amigos, nada más. Una amiga de ella, que se encontraba en su sueño, la llamó a lo lejos y las dos se miraron y se rieron. Ella estaba al lado de él, pero cuando se giró para seguir hablando con él, todo se acabó... ella estaba sentada en su cama y mirando a su alrededor para ver si le encontraba porque hace un momento estaba al lado de él, agarrada a su cintura...Pero no había nadie... Ahí fue cuando se dio cuenta de que todo era un sueño...
Pero, ¿hay alguien capaz de asegurar que la realidad es eso, realidad? O estaremos ante la duda que plantea Descartes entre el sueño y la vigilia. Puede ser que aquello que nosotros llamamos realidad no sea más que un sueño del que puede que algún día despertaremos.
Sus.
18 de noviembre de 2009
- ¿Me quieres? - No... - ¿Me odias? - Si... - Pues adiós.... - ¡No! - Pero si no me quieres... y encima dices que me odias... No hay nada que hacer... - No te quiero, te adoro. Y claro que te odio porque haces que cada segundo contigo sea perfecto :)
Sus.
5 de agosto de 2009
Durante toda mi vida he entendido el amor como una especie de esclavitud consentida. Es mentira: la libertad sólo existe cuando él está presente. Aquel que se entrega totalmente, que se siente libre, ama al máximo. Y el que ama al máximo se siente libre.
Once minutos - Paulo Coelho
1 de agosto de 2009
Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas: un helado de fresa, una muñeca que llora y hace pis o esa bicicleta que te tiene el vecino del 4º. Cuando nos hacemos mayores nuestros sueños cambian con nosotros y se vuelven complejos igual que nosotros. Y de repente la muñeca de trapo se convierte en un vestido nuevo con el que cruzar un océano a 10.000 metros de altura para deslumbrar a tu marido en un viaje sorpresa. Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se tocan de frente con la realidad porque le realidad a menudo es radicalmente distinta a como uno cree que es. Las personas no siempre son lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni mucho menos los sueños. Y esa realidad es la que se encarga de poner a cada uno en su sitio. Lo que uno cree que es negro puede ser blanco, y lo que uno cree que es blanco probablemente sea de todos los colores del arco iris. Uno sabe como empiezan las cosas, pero nunca sabe cómo van a terminar.
19 de julio de 2009
[...] Babi pierde. Entra la segunda en el mar. Nadan en el agua fresca y salada, en la estela que deja la luna, balanceándose con las olas, abrazándose de vez en cuando, salpicándose, alejándose para volverse a unir después, para deleitarse con el sabor a champán marino que tienen sus labios. Más tarde, sentados sobre una roca, envueltos en los albornoces de Amarildo y Sigfrida, miran arrobados el millar de estrellas que hay sobre sus cabezas, la luna, la noche, el mar oscuro y en calma. - Esto es precioso. - Es tu casa, ¿no? - ¡Estás loco! - ¡Lo sé! - Soy feliz. Jamás me he sentido tan bien, ¿y tú? - ¿Yo? -Step la abraza con fuerza-. Estoy de maravilla. - ¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo? - No, así no. - ¿Ah, no? - Mucho más. Al menos tres metros sobre el cielo. [...]