[...]
Babi pierde. Entra la segunda en el mar. Nadan en el agua fresca y salada, en la estela que deja la luna,
balanceándose con las olas, abrazándose de vez en cuando,
salpicándose, alejándose para volverse a unir después, para deleitarse con el sabor a champán marino que tienen sus labios. Más tarde, sentados sobre una roca, envueltos en los albornoces de
Amarildo y
Sigfrida, miran
arrobados el millar de estrellas que hay sobre sus cabezas, la luna, la noche, el mar oscuro y en calma.

- Esto es precioso.
- Es tu casa, ¿no?
- ¡Estás loco!
- ¡Lo sé!
- Soy feliz. Jamás me he sentido tan bien, ¿y tú?
- ¿Yo? -
Step la abraza con fuerza-. Estoy de maravilla.
- ¿Hasta el punto de llegar a tocar el cielo con un dedo?
- No, así no.
- ¿
Ah, no?
- Mucho más. Al menos
tres metros sobre el cielo. [...]
"Tres metros sobre el cielo". Federico Moccia